Black hole sun.

I am guessing there’s a constant.
Some sort of repeated beat
that falls in between words
Arousingly erotic,
marking the rhythm.

There must be
some sort of coherence,
A string pulling out the photographs
On a stalkers wall. 

Some sort of trail.
Some sort of clue.
Something I’m not seeing.

But I also believe I
just got to used to it.
(and I refuse to blame my ears for this)
But I’ve lost my ability to listen to it.

I’ve lost my ability to hear
My own driving beat.

You know, I’ve been called a star before. That I shine bright, maker of my own light, they said.

And I might have burst into a bold supernova and became a black hole.

I absorbed my ability to shine.
Or sound. Or beat. Or rhyme.

I clinged to the idea of
listening to the sound of others
until I found my way again,
but it just won’t do.

What’s the point of lurking out of others drive,
just to remain silent, avoidant.
Where’s the line between not interfere and being a coward?

If you improvise a poem in space,
And there’s no atmosphere
to transport the sound…
Is there a poem at all?

If there’s a poet in the void,
and not a soul or air to breathe,
is there a poet at all?

How to break a heart.

Kiss her. Slowly.
Takin’ my own time, there’s
no other place to be. Yet.

Kiss her like i’m not merely
waiting for someone else to come.

Lay my hands beneath her shirt,
or skirt, perhaps.
Maybe get strangled by bra straps.

No!

Wait. Again.

Kiss her like i’ve forgotten
any other lips i’ve touched before.

Yes. Better.

Kiss her curiously,
childishly maybe.

Sort of laughting into her mouth,
maybe inhale the sights.Kiss her ‘till she moans.

Kiss her with my hands on her hair,
pulling her waist towards myself.

Even better.

Kiss her, but like she taste
like… like hot chocolate?

No, that’s just fucking tacky.
Mmm.
“Kiss her like she’s the tastiest thing you’ve ever dared to try.”

Brilliant.

Take your fucking time. Don’t rush it.

Kiss her until she forgets how to spell her father’s last name.
Now, repeat it. Kiss her stupid, wildly. Silent.

 

And dissapear.

Easy, right?

Todavía no sé como relacionarme con la gente.

Yo no tuve computadora hasta pasados los quince. Podría verlo como un mérito, pero en mi caso fue simplemente cuestión de status social.

Alrededor de los trece años, motivada por mi pasión por la literatura y una pobre habilidad para, no sólo relacionarme con el resto, sino también para expresarme, empecé a escribir. Escribía horrible. Era en extremo sensibilero y poco concreto, creía que si hablaba de las miserias del mundo y todo lo lúgubre y todo lo sacro parecía una persona sensible y honesta. Cualquiera.

Pero más allá de mis tempranas y fallidas experiencias como comunicadora, escribir era inmensamente terapéutico. Me dio la chance de transferir la vasta cantidad de pelotudez e histérica adolescente que me hervía adentro, y también la habilidad de ser menos impulsiva, de pensar dos veces las cosas que hacía y decía. La chance de editarse en la vida real.

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As the clock ticked .

She wasn’t doing anything I could see
except lay there, holding together
the world of dreaming.

As the clock ticked, and the plot thickens,
I watched her chest movements
like the shore watches the sea.

Her neck holds
the map of worlds I‘ve never known,
and never will.

“What if I kiss her wildly? Madly?”
I remember thinking,
so I could wordlessly say so.

As the clock ticked, and the plot thickens,
I watched her chest movements
like the shore watches the sea.

And I choose silence instead of poems,
made with words
I can only aim to say so.

El sexo, yo y mi otro yo.

No hay manera de pensar en mí como alguien a quien no le gusta el sexo. Es hasta difícil mantener una conversación conmigo sin que mencione tetas o pija, o whatever that may come along. Lo disfruto, lo predico, lo busco, lo tengo, lo guardo, lo clasifico, lo mido, lo analizo, lo amo. Me educo y reeduco, me interiorizo en nuevas formas y aprendo sobre otras tantas nuevas, no te digo a diario, pero realmente es algo que consumo todo el tiempo. Diría que todos los días pienso en sexo, mínimo dos veces.

Soy una pajera. Así nomás.

Incluso, soy esa clase de mujeres (no tan especiales) que tienen fama de trolas, o de putas, o de liberales, o simplemente de mina que la gente se suele querer coger. No es que sea en particular más linda que otras, sino que tengo un sex appeal particular. Yo lo sé, mis amigos lo saben, la gente en los bares lo sabe, mis padres lo saben. Siempre funcionó así para mí, me acuerdo de entrar al secundario y que los tipos de 25 para arriba me miraran “raro”. Mis compañeros no, ellos buscaban hembras de su especie y clase, pero los “hombres” no. Yo tenía el no sé qué, yo era sexy, sin tratar. Me tomo mucho tiempo entender eso, no solo que era lo que pasaba, sino que era algo útil y que no estaba mal. Me tomo años. Creo que todavía me siento culpable o rara o mal o incomoda con eso a veces. Pero hoy vamos a explorar otros temas, hoy quiero hablar de sexo.

Como se imaginarán, no fue difícil encontrar gente con la que efectivamente acostarme. Hombres y mujeres han perfilado una serie de líneas de levante que puedo enumerar y responder de formas ingeniosas e irónicas, para pasar a lo que realmente estamos todos buscando, y se me hace muy divertido ese juego, el histeriqueo previo. Me gusta la batalla de poder por sobre quien tiene más huevos, sobre quien es más ocurrente, quien deslumbra más al otro; porque por sobre todas las cosas me gusta ganar siempre. Y ser mejor que otro siempre es un placer, en especial cuando el premio es un orgasmo.

Ahora, a pesar de todo, a pesar de las risas, los orgasmos, las noches en vela, el éxtasis y todo; nunca me siento tan sola como cuando cojo. Nunca me siento tan vacía, tan descartable y tan desamparada como cuando tengo sexo.

Tuve novios y novias que me han querido mucho, que yo amé profundamente. Pero no. Me siento lejos. Me siento no querida. Me siento tonta, usable, me angustia. Y de verdad, créanme cuando les digo que me gusta el sexo, muchísimo. Soy re kinky y fetichista y miro cada culo que me pasa cerca, de verdad. Pero una vez que lo hago, no puedo sentir amor del otro lado. Siento la calentura, siento las ganas de matarme a mordiscones, a cagarme a trompadas, las ganas de hacerme gritar, eso lo veo todo, todo el tiempo. Siento que me cogen como uno coge con alguien a quien no planea volver a ver.

Quizás, es que debajo de todo mi cinismo y dureza, la niña que llora con Mujer Bonita, vio demasiadas comedias románticas, quizás solo quizás, los años de terapia no hicieron tanta magia, quizás las huellas del abuso no me dejan en paz aún. Quizás, quizás, quizás.

Pero el punto es que, me siento sexy, me siento segura, me siento deseable, pero me siento unloveable. Incluso si al otro día me hacen el desayuno, si al otro día me despiertan con un beso en la frente, si bailan un tango conmigo en la explanada del Obelisco, no sé qué es, pero sé que a mí no me pasa. Las escucho a mis amigas, leo los libros, miro las películas, y después tengo mi vida. Y veo como los ojos del otro se cargan de lujuria, de lascivia. Se llenan de sangre que muta como luna en el agua, y el reflejo corporal que se moja y crece, siento vibrar mi cuerpo con el tacto con la otra piel, siento como me sube como una fiebre de abajo hacia arriba, de la cabeza al resto del cuerpo. Y siento también como la otra persona se desfigura, siento al otro transformarse, dejarse ser y volverse un montón de espasmos que ordenan y comandan, y que yo sigo diligentemente como un soldado a su capitán. Quizás es el miedo a decir que no. Quizás, ni siquiera es miedo ya, es resignación, la de haber aprendido que si decís que no da lo mismo, quizás es que siento que no tengo derecho a decir que no. Quizás en realidad es un delirio mío y si son un amor. Quizás es que entiendo que es parte elemental de las relaciones humanas, y si no me cogen así que es como les sale cogerme, no tengo oportunidad de que me quieran en el proceso. O de que aprendan a quererme. O a mí de dejarme querer. Quizás es la amargura y la decepción que me hace sentir así de descartable. La parte graciosa e increíble es que, no la paso mal en lo absoluto, de verdad me gusta coger. Pero no sé, espero alguna vez sentir algo más que éxtasis. Soy como un adicto a algo que no conoció nunca, no sé. Se supone que eso que estoy esperando es lo que te pasa cuando la pasas bien de verdad. Yo de mientras sigo probando. Creo que no pierdo nada. Creo.

I am a overblown paragraph
with way too many adjectives.

Counted the syllables in her laughter,
and waited for each break
to close the verses.

I might be a writer,
but she is a poem
with words in languages
that I did not yet learned.

It is a story that i’ve always
wanted to tell, and yet,
she vomits on metaphors
beyond my comprehension.

Each movement of the hand,
each hair dropped over the chin,
intoxicates me.

My hands smells like an old book,
a poem poorly resolved,
a bad idea.

Because she’s the kind of woman
you have to drink slowly and she knows it

‘cause she’s been hunting me all night
across my thoughts.

Naked .

Clothes.
Wearing them,
Not wearing them.
Envelopes.

Plastic figurines,
That worth more if they’re in boxes.

Right?

We sell ourselves like
Dolls on shelves.

Naked is nothing but another envelope.

It’s not what you wear
(Or not)
What defines you.

It’s the thought.
Speak, love, hate.
Then, you’ll be vulnerable.

I’ve heard .

I’ve heard some people,
some lots of people.
I’ve heard them cryin’,
heard them laughtin’
heard them choking
at my words.

I heard them sending me to hell
for all the things i’ve said
i’ve read
i’ve thought
i’ve lived.

Hell.

What they call hell.
It’s inside me.
It’s inside you too.
Hell is all the things you’re not able to say.

All those thoughts that drawn
on a sea a procrastination
and good behavior.

All those things you are
dying to try.

But you don’t dare.

That’s what hell is.

Hell, is all around you.

Hell is the pagliacci
that cries over his wife body.
The Harlequin
that stole a woman’s heart.
A child who lost his way home.
Hell is a desperate woman,
trying to make a living on someone else sheets.

Hell is what you make for a living.

Hell is inside me,
but no when i think
of pleasure,
or measure.

Not when i speak freely
of sex, politics or mercy.
Not when i curl my hair,
and put on a lipstick.

Hell is the thought
that i get when i
can’t walk alone at nite.
When i’m too scared to move.

Hell is when memories
came back like livin’ things.

Hell is inside me only then.
Hell is always inside us.

And all the demons are human.

Grace .

I’m no angel.
I’m not a cherry blossom at Hanami.
I’m not a tender kiss.

I’m a gunshot at three am,
With your mother crying
Layed down in the kitchen,
Bleeding.

I’m a broken window in cold winter.

I’ve fallen from grace,
with the elegance of a maple leaf,
A broken neck,
A silent cry.

Yet thee finds me lovely.
He sees through the rain and thunder,
A frightened child.

I can’t see the sky
Through the storm within
But you will hear the echo.

Yet he would hear me.