Me desperté.

Siempre que leo/escucho sobre gente y sus intentos de suicidio, hablan sobre el antes. Hablan sobre el momento en que sintieron que no les quedaba nada más adentro y se pusieron una pistola en la boca, o se tragaron un montón de pastillas. Siempre me hizo sentir una rara eso, por que para mí el peor momento de todos fue despertarme.

Entiendo el vacío y desespero (desapego me gusta más, pero creo que para muchos es lo anterior) que te lleva a mirarte al espejo y querer tragarte un montón de vidrio. Honestamente los entiendo. Pero el peor momento de todos es cuando después de todo lo que pasó, después de todo sobre lo que no tenés control, después de todo lo que ya ni siquiera te lastima porque estás demasiado lejos… Te despertás.

La última vez que traté de matarme tenía 18. A lo largo de los años anteriores traté y recontra traté muchas más veces de las que alguna vez voy a estar dispuesta a admitir, pero creo que esa vez fue la única donde realmente era exactamente lo que quería. No era huír de los problemas, no era morirme porque ya no quería lidiar con el mundo. Realmente quería dejar de existir. Así que me tomé unas 40 pastillas que, hermosa ironía, me daban para estabilizarme el humor y calmarme, y me fuí a dormir.

Me desperté tres días después. Me desperté.

Y fueron tres días por que tardaron dos días en darse cuenta que estaba dormida. Por que seguro me había quedado toda la noche chateando. Seguro era una vaga de mierda que no quería levantarse.

La puta madre, me desperté.

Pero no me tenía que despertar, y lo hice igual.

Me acuerdo vagamente de que estaba pasando. Me acuerdo de tener un montón de tubos en los brazos, me acuerdo de mi mamá jugando la carta de madre preocupada y dolida, diciéndole al médico que yo le había dicho que quería que ella se quedara conmigo durante el “proceso”. Yo me desperté y escuché a la mujer que hizo que me quisiera matar a lo largo de toda mi vida, hablando de que yo la preocupaba. Le preocupaba no tener a quién culpar cuando cayera Roma. Me acuerdo de ver a mi papá que no tenía expresión en la cara, creo que fue la primera vez que me dí cuenta que me quería. Me acuerdo de la doctora que me preguntó como me sentía, como si hubiera algo que decir, y lo único que le pude decir fue “me desperté”. Y ella sonrió y me dijo que estaba todo bien. Pero ella no entendía, que yo me había despertado y eso jamás debería haber pasado. Eso no era lo que yo quería.

Cuando vivís tu vida de forma ajena a tu control, cuando no podés elegir que querés hacer para vos, cuando no podés elegir que te gusta, cuando no podés elegir como expresarte, como sentirte, cuando no podés elegir quién te gusta y con quién querés estar, cuando no podés elegir que ponerte, que decir, cuando no te preguntan si querés coger o no, sencillamente lo tenés que hacer. Cuando tenés 5 años y no entendés que es coger, pero tenés las piernas llenas de sangre y todo te duele, pero tu mamá está muy ocupada mirando tele y fumando con las amigas para preguntarte si te caiste de la bici o qué. Cuando eso pasa una y otra y otra y otra vez. Y otra vez más. Cuando tenés 7 y decís “no voy a seguir pasando por ésto” y llorás cada vez que vez Dragon Ball por que es lo que te ponen de fondo cuando te están rompiendo el útero, así que corrés y le partís de un sartenazo la cabeza a esa persona (“persona”). Y después te pasás 17 años con un adoquín en el estómago y la consciencia pensando que lo mataste y si eso te hace una buena o mala persona. Cuando escuchás gente que no existe y te llevan a un montón de médicos que dicen todos cosas distintas y nadie sabe que tenés pero te drogan igual. Cuando casi que no tenés amigos, porque sos rara y estás loca. Y sos gay. Y no sabés como tratar con otros, porque no hay mucha gente que quiera tratar con vos. Cuando en la escuela todos miran para otro lado. Cuando abortás por que entendés que si tenés un hijo probablemente lo mates mientras duerme, por que te hicieron creer que así de loca estás. Cuando salteaste comida mil veces para que tus hermanos puedan comer. Y también para ese examen de Ballet en el que igual te dijeron gorda mientras pesabas 45kg. Y vas y te tomás 40 pastillas de esas que te dan para estar “bien” para no volverte a despertar y te despertás igual.

Esa es la peor sensación del mundo.

Abrís los ojos, estás atada a una cama, hay gente que habla por vos, que toma decisiones por vos y seguís sin tener control siquiera de tu propia mortalidad. Eso tampoco lo podés elegir. Como no pudiste elegir nada en tu vida. Supongo que eso me hace una mala clase de suicida.

Después de eso te llevan a una clínica, tu mamá se encierra ahí con vos, diciendo como eso es re bueno porque ella te va a ayudar y estar ahí, pero lo que hace es fumar y chusmear con todas las otras internas y vos estás todo el día sola con Pluto, sin cordones de zapatillas, ni libros para leer. Y como siempre hiciste antes, vos hacés lo que te dicen que hagas, y le decís a la terapeuta lo que quiere escuchar, y a tu madre que estás mejor, así no te rompe las pelotas. Pero te despertaste y si te despertaste no hay nada más que puedas hacer.

No recuerdo jamás haberme sentido tan desolada, tan desesperanzada y tan llena de nada, como el momento en el que me di cuenta que no podía elegir nada para mi misma. Con el tiempo, supongo que crecí y aprendí a vivir con la idea de que claramente no puedo elegir si me quiero morir o no, así que sólo puedo tratar de seguir con el resto de las cosas. Creo que jamás había sido tan honesta en mi vida. Supongo que eso significa algo.

Pero la verdad es que a pesar de todo lo que me pasó, lo único que jamás voy a poder superar, entender o procesar, es haberme despertado ese día.

Que no.

Que no quiero que me llames un taxi,
Puedo caminar,
Son un par de cuadras.

Que no quiero que me acompañes
Es la parada del bondi nomas.

Que no quiero mandarte un mensajito cuando llegue.

Que no.

Que no.

Que no quiero ese trago de tu parte.
Que no me pagues el taxi.

Que no quiero no poder mirar para atrás.
Que no quiero la respiración acelerada.
Que no quiero el sudor en la espalda.
Que no quiero apretar el puño en las llaves adentro del bolsillo.
Que no quiero ir tratando de recordar,
Las clases de defensa personal.

Que no quiero comprar gas pimienta o una manopla.

Que no.

Que NO.

Que no quiero ir a tu casa.
Que te dije que no.

Que te dije que no me toques.
Que te dije que me sueltes.
Que no.

Que te dije que me dejes en paz.
Que por favor me dejes en paz.
Que tengo miedo.
Que pares.
Que por favor…
Que por favor pares.

Que…
Qu…e.

Que no quiero ser una estadística.
Dije que no.

Another .

I clocked more words typed
than spoken this week,
and I don’t understand
what’s happening to me
but it just doesn’t feel right.

I’m sorry if this
whole thing is an inconvenience,
but I just remembered how
on nights like this
we used to drink ourselves dry,
and we fall down on our knees
making empty promises
until the sun rise again.

And even though
you’ll never be my lover.
Only you could bring the heat,
a company undercover,
filling the space between my sheets.

And such empty driven lust,
such shared loneliness,
darling,
is the only viable distraction left
in my life.

But yet, you aren’t distracted by me.
I now understand that.

But if I may, let me just, one.
Give me one last kiss
for such distance will strike
between our lips
now the day is losing light,
give me another thrill,
even though
we will never be good enough,
we will never be more than nothing
just give me another nothing
‘cause nothing is all I have right now.